Martes , 27 Junio 2017

Con la esperanza de despertar un día

La arquitectura ecléctica de la ciudad de Pinar del Rio encanta a todo caminante. En este ámbito está enmarcado el antiguo Palacio Gustavo, residencia que desde 1904 resalta por su majestuosidad, en la intersección de las calles Martí y Gerardo Medina de la capital vueltabajera. Con el decursar del tiempo el nombre original del inmueble fue variando en correspondencia con las múltiples funciones que fue desempeñando. Así fue reconocido como El arca de Noé, La Casa Petate, las Tullerías, y Hotel Comercio, a partir de 1932.

La veterana edificación deviene pieza importante  del patrimonio arquitectónico de la más occidental de las provincias, pues forma parte de un conjunto de palacios que dotaron a la ciudad de buena elegancia y funcionalidad. Por ello rescatar tal inmueble de esa muerte lenta en que está sumido debe convertirse en una prioridad a solucionar lo antes posible.

Llama la atención como los transeúntes, que a diario concurren por el sitio donde se enmarca la construcción,  se preguntan nostálgicos  sobre su futuro incierto. Unos lo expresan verbalmente, en otros asoman a sus rostros gestos difíciles de controlar, mostrando que llevan bien arraigados las palabras del Apóstol cuando dijera en 1889…la vejez es corona de oro que no se ha de echar por tierra…. Mientras algunas edificaciones de la localidad han transitado por el  largo proceso de restauración, el Hotel Comercio que arriba este año a su aniversario 110, permanece aun en espera de una merecida reparación capital que le devuelva su virtuosismo de antes.

Hoy se contempla su fachada, que maltratada por el tiempo, resiste a esperar un traje nuevo. Su portal corrido ha devenido albergue de algunas viviendas y de instituciones como el Museo de Arte Plásticas de la ciudad, los cuales han aplicado  colores externos, puertas y ventanas de cristal y rejas que constituyen  una violación  de la estructura arquitectónica, sin embargo aun permanecen ahí.   Por otro lado, el Hotel Comercio deviene  área de encuentro y dialogo de algunos jóvenes hasta altas horas de la noche, quienes de manera imprudente  contribuyen nocivamente al maltrato del  inmueble, no solo vertiendo sus desechos en las esquinas, sino también grabando grafitis en sus paredes, al mismo tiempo actúa como huerto espontaneo de helechos y otras yerbas silvestres que crecen en su interior y por los costados.

Repensar este espacio en función de satisfacer necesidades sociales de la población pinareña debe constituir una meta a trazarse por qué  no a partir de este año. Cuando muchos lo consideran casi imposible y ya han perdido toda esperanza, otros mantienen su postura firme, como la fachada del palacio, esperando ansiosos que un día amanezca y puedan verlo despabilado de su extenso letargo. Entonces podrán decir que asisten a un nuevo despertar.


 

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