Martes , 27 Junio 2017
El trago amargo de la represión

El trago amargo de la represión

 

El exministro chileno Cristian Larroulet, tuvo evidencias de primera mano de que en Cuba sigue existiendo una dictadura.

En su reciente periplo por La Habana cometió dos pecados: visitar las sedes del Centro de Estudios Convivencia, ubicado en la ciudad de Pinar del Río y la del periódico independiente 14ymedio en La Habana.

Con eso bastó para que recibiera una citación y el regaño del oficial del Ministerio del Interior por reunirse por “contrarrevolucionarios”.

El hecho demuestra que el perfil del castrismo seguirá indisolublemente ligado a la intolerancia política.

En otras palabras, Raúl Castro no se andará con paños tibios a la hora de aleccionar a quien traspase los borrosos y cambiantes límites entre lo permisible y lo prohibido. No importa el rango ni el país de procedencia del transgresor.

Fidel Castro, hubiera ordenado la expulsión sin ambages. Su hermano prefiere matizar los castigos, tal vez con la idea de reforzar la percepción de ser menos radical.

De poco sirvió que el embajador del país sudamericano en La Habana acompañara a su coterráneo a la cita.

El señor Larroulet fue advertido, sin rodeos, de sus actividades contrarias a las disposiciones establecidas y hasta pudo escuchar grabaciones de lo que se habló en ambas visitas. Es decir que desde su llegada a Cuba, estaba bajo la lupa de la policía política.

La publicación en el periódico El Mercurio de los detalles del suceso, seguramente lo convierte en persona non grata.

En caso de que cuente con la venia de las autoridades para volver a entrar como turista, debe saber que es un objetivo a seguirle la pista día y noche.

Con estos episodios se consolidan las perspectivas de que los cambios liderados por el general-presidente no están diseñados para una evolución hacia un modelo que combine economía de mercado, apertura política y ejercicio pleno de las libertades fundamentales.

El fin de las reformas es, a luz de los acontecimientos, lograr la perpetuidad del modelo.

Decenas de miles de agentes y colaboradores, desperdigados a lo largo y ancho de la Isla, vigilan a tiempo completo, actualizan y crean nuevos expedientes, organizan los próximos actos de repudio y barajan los candidatos a pasar una temporada tras las rejas.

Es solo parte de su amplio contenido de trabajo en aras de mantener a flote el socialismo.

El exministro chileno que ocupó el cargo de secretario general de la presidencia en el gobierno de Sebastián Piñera, vino a Cuba a tomarse el trago amargo de la represión.

A pesar de todo, debería regocijarse de su suerte. No tuvo que pasar por un calabozo ni enfrenta causas penales por su “delito”.

El mal rato fue soportable. Pudiéramos decir trivial al compararlo con el que enfrentan opositores e integrantes de la sociedad civil independiente que insisten en reclamar sus derechos.

[Imagen: Cristián Larroulet (UDD)]


 

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