Martes , 27 Junio 2017
Sepelio con piscolabis

Sepelio con piscolabis

Los guerrilleros de la Sierra Maestra que, en los años 60 sacaron el capitalismo de Cuba a patadas y sombrerazos bajo un coro de consignas revolucionarias, lo llevan ahora de vuelta apresuradamente, en ripios y en bandejas de oro, para mantenerse en el poder los últimos años de su vida y dejarle a sus herederos una dictadura militar sin fecha de muerte y apuntalada por el dinero del enemigo.

El Gobierno suspira por la presencia de inversionistas extranjeros, abre las ruinas de su economía a los comerciantes del mundo entero con Estados Unidos y La Unión Europea al mando de la nave y se presenta como un equipo de ancianos venerables y lúcidos. Los negociantes son comprensivos y se dejan querer.

El asunto de la represión, los presos políticos y los derechos humanos han pasado, como se decía antes en Cuba, a la página de entrenamientos. Se queda en la retórica de los funcionarios como promesas de debates futuros, al tiempo que las empresas se instalan con todos sus andariveles en la geografía cubana. Esta semana Federica Mogherini, la jefa de la diplomacia europea, anunció en Bruselas que se abrirá un «dialogo estructurado sobre los derechos humanos en la Isla». El presidente François Hollandeno espera el resultado de esas conversaciones y el próximo 11 de mayo realizará la primera visita de un jefe de Estado francés al país caribeño.

El tema de la libertad y los derechos en Cuba tiene espacios a menudo en los medios norteamericanos pero el centro de la atención de los especialistas que analizan las relaciones entre los dos países está en temas como éste: los cubanos tienen que exportar el 80% de sus alimentos. Y Michael Scuse, el subsecretario de Agricultura para Servicios Exteriores lo ha visto claro: «Los mercados de trigo, maíz y arroz deberán ser nuestros».

Al ofrecer los escombros de lo que dejó el socialismo y darle su abrazo contaminador a los representantes de lo que fue durante más de medio siglo el imperialismo yanqui, los jefes comunistas consiguen que los ingenuos, si todavía quedan, y sus cómplices que actúan en muchos sitios con diferentes antifaces, traten como un problema del pasado la violencia contra la oposición, la presencia de presos políticos y el acoso a la prensa libre.

En plena juventud, en un festín, el castrismo tiró el capitalismo por la ventana. Ahora lo reclama para que haya algo que servir en el velorio del socialismo.

[Publicado originalmente en ElMundo.es]


 

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